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Mientras
tanto, los sanmarinenses han procedido a la
Ningún cardenal o Papa, en época de contrarreforma, le puede quitar la corona a un Santo !!! Bastará con esto ?
San Marino se encuentra ahora a merced de Roma. Es un pueblecito como tantos, incrustado en las montañas, como en la Edad Media, sumergido en la miseria de una economía de ruina, ahora que el mundo no tiene ya su centro en el Mediterráneo. Es poco mas que un municipio, dentro de los Estados de la Iglesia, una minúscula autonomía sin defensas, sin protectores. Sigue sin rendirse. Juega su última carta: saltar por encima del Estado de la Iglesia, y darse a conocer en el mundo. En Italia, en Europa, donde sea, duques y gran-duques, príncipes y marqueses, barones, reyes y emperadores; por doquier, el manto de la opresión y el absolutismo; un poco de claridad hacia Holanda, y a penas un vislumbre hacia Venecia.
Los escritores, los periodistas de la época, toman esa noticia contra el absolutismo. La inflan hasta crear el mito de la “ciudad feliz”. La noticia explota en aquel mundo dominado por el absolutismo. Superó los Alpes. Francia, Holanda…. Desde Holanda es relanzada por toda Europa, con una visión que, son su realismo, refuerza el interés y la credibilidad. Algunos, llevados por la curiosidad, irán a ver por sí mismos. A comprobar. Entre estos está Addison, escritor inglés de inicios del mil setecientos. Allí encuentra verdaderamente, una chispa de la antigua libertad: entre la gente, fundida con los sentimientos de la fe. El Santo – hace notar – está en el centro del Altar Mayor; quien ofende al Santo, es castigado con el mismo rigor que el que blasfema de Dios. Se habla y se escribe de San Marino. San Marino, se crea un puesto, estable en el corazón y en la mente de las gentes. Está creada: y desde ahora está Europa, y está el mundo para vigilar sobre San Marino. Esto se verá poco mas tarde, cuando Roma decida suprimirla. Esta envía al Cardenal Alberoni. Soldados, argucias jurídicas, presiones religiosas, no bastan para someter a los sanmarinenses. Su clamor sobrepasa el Estado de la Iglesia. París, Madrid, Viena intervienen. San Marino recupera su autonomía. Es el 5 de Febrero de 1740, día de Santa Águeda (Sant’Agata) desde entonces co-patrona de la República. |
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Bembo Addison |
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